Tap, tap, tap. El ruido de los disparos se asemejaba a un petardo dentro de un cubilete cerrado. Tap, tap, tap. Otra vez los disparos. Por la cadencia del ruido, el tirador es experto; las ráfagas son cortas, seguramente precisas, no se oyen quejidos de ningún tipo, por lo que deduzco que o bien no está disparando contra alguien, o no estoy lo suficientemente cerca para oír caer el cuerpo.
Los disparos han cesado; no sé si atreverme a salir de mi agujero o esperar un poco más; quizás debería hacerlo a que la noche avanzara. No hay luna, lo que me favorece. Sí, esperaré un rato más.
La humedad del suelo me está calando; los pies apenas los noto. Estoy de barro hasta las rodillas. Comienzo a ponerme nervioso. Agudizo mi oído intentando adivinar si hay alguien cerca. No oigo nada. Mi cerebro me insiste en que salga y corra a un lugar más seguro, pero hay una vocecita dentro de mi, que me dice que espere un poco más, acaso hasta que se haga de día y pueda valorar mejor la situación.
¡Dios mío! Una rata se me acerca, mi musofobia me altera. ¡Es enorme! Se acerca husmeando todo su alrededor. Todavía no me ha visto u olido. ¡Dios mío! ¿Qué hago?
«Sal, sal», me dice la vocecita de mi conciencia. «No seas cobarde», me dice mi cerebro. «¿No ves que es un insignificante roedor? ¡tú puedes con él!». La rata se sigue acercando. Se ha parado, su ocio husmea con rapidez, parece que me ha detectado. Tap, tap, tap. Otra vez ese sonido; la rata también lo ha oído y se da media vuelta. ¡Huye! ¡Aleluya!, mi entusiasmo ha hecho que me pusiera de pie. Tap, tap, tap. Esta vez sí que he oído los disparos más fuertes y el sonido de un cuerpo al caer.
Ensangrentado y con las entrañas ardiendo, noto cómo mi vida se va, mientras veo al tirador frente a mí, de pie, apuntándome con su arma. Un solo tap y todo acaba.
El miedo se siente desde el inicio y termina magistralmente con un tap. Tal vez la rata llegaba a advertir al protagonista: "huyeee".
ResponderEliminarSaludos.
Gracias Sara, sí, yo también pienso que la rata le advirtió.
ResponderEliminarSaludos
Nos has tenido el corazón en un puño hasta el triste desenlace.
ResponderEliminar¡Genial!
Aferradetes, Jesús.
Me alegro que te haya gustado, y gracias por comentar.
EliminarSaludos
Un relato estremecedor. Con una tensión que no deja un minuto de respiro. Me ha gustado mucho leerte de nuevo. Hace tiempo que estoy desconectada de los blogs. Ahora he vuelto con uno nuevo, de escritura https://lashistoriasdebrurataliterata.blogspot.com/ Espero que nos sigamos leyendo.
ResponderEliminarUn saludo
Gracias por tu comentario, me alegra que pases por mi bitácora. Sí, nos seguiremos leyendo.
EliminarUn saludo
Que angustia he pasado mientras leía Jesús, el final ha sido horrible.
ResponderEliminarUn abrazo.
Sentir angustia, miedo, ansiedad y alegría mientras se está leyendo, es una forma de sentir que ha gustado, y te lo agradezco.
EliminarUn saludo
El Miedo es ambivalente, llega un momento que no se sabe si va a ser indicador de escape, o de retención; según reacciones. De otro lado este texto me complace. Me recuerda una excelente frase respecto a huidas despavoridas, que la dijo Ernest Hemingway, y me place, muuuuucho: "El Valor es Una Huida hacia delante"
ResponderEliminarSaludos de Juan El Portoventolero aka Juan Y Su Horizonte 🇪🇸 🧛♂️
Gracias Juan por comentar y gracias por la cita.
ResponderEliminarSaludos