Algunas veces, sobretodo cuando me encuentro algo deprimido, he pensado cómo sería mi muerte ¿En un hospital? ¿En mi cama? ¿Sólo? ¿Rodeado de mi familia?, pero nunca pensé que ocurriría lo que de verdad ocurrió.
Comenzó el peor día de mi vida cuando el médico me informó de que tenía la “Enfermedad”, esa a la que todos temen, esa cuyo propio nombre significa “Muerte”, pero no fue hasta que regresé a mi habitación del hospital, y llegó la noche, cuando en la oscuridad, me encontré sólo.
Aquel lugar, con un gotero que introducía medicación en mis venas, resultó especialmente lúgubre cuando comencé a pensar en las palabras de aquel doctor:
—No puedo contestar a su pregunta, pero ponga su vida en orden durante la próxima semana.
Cuando las pronunció no me parecieron tan impresionantes como lo fueron después en la oscuridad solitaria de aquella sala.
Pensé :
«¿Cómo narices pongo mi vida en orden? ¿Qué quiere decir realmente esa frase que habrán pronunciado en multitud de ocasiones?».
Una voz me hizo dirigir la mirada hacia la entrada de la estancia, una voz que retumbaba, y la vi. Sí, era ella, maravillosa, hermosa y con una sonrisa en los labios que inspiraban tranquilidad y confianza.
—¡Hola! —me dijo muy femenina.
—Hola —contesté sin mucho entusiasmo.
Durante unos segundos no cruzamos más palabras, simplemente nos miramos a los ojos, como si a través de ellos pudiéramos comunicarnos. Bueno, no sé si lo hicimos o no, pero mantuvimos una conversación.
—No me esperabas, ¿verdad?
—No, sinceramente no. El médico me había dado una semana, en parte ha sido una sorpresa verte hoy.
Se acercó a mi cama, pude entonces contemplarla en todo su esplendor. Rubia, alta, bien formada. Llevaba un vestido de color azul que resaltaba su figura. Su cara…, su cara me resultaba familiar.
¡Ah! Kim Novak, ¡Eso era! Se parecía a Kim Novak en aquella escena bajando las escaleras en “Picnic” o acariciando un gato en “Me enamore de una bruja”.
—Los médicos —dijo mientras se sentaba en mi cama— saben poco de estas cosas.
—¿Tu presencia aquí y ahora significa que ya ha terminado mi tiempo?
—Puede… pero antes hablemos un poco ¿Te arrepientes de lo que has vivido? ¿De cómo lo has vivido? ¿De las decisiones que has tomado? ¿De…?
—Espera, espera un poco, que son muchas preguntas para responderlas sin pensar.
En ese momento entró una enfermera que, encendiendo una linterna miró el gotero. Al ver que aún le quedaba liquido, apagó su luz portátil y se marchó. Me quedé mirando a aquella profesional que no reaccionó ante la presencia de mi compañera.
—Tranquilo, nadie puede verme ni oírnos hablar. Para esa enfermera tu estas durmiendo.
Moví la cabeza asintiendo lo dicho por Ella. Lo extraño fue que no sentía ninguna sensación de agobio o miedo; me sentía relajado.
—Contestando a tus preguntas —dije— sí, me arrepiento de lo que he vivido porque podría haberlo hecho mejor. Sí, me arrepiento de las decisiones que he tomado porque la mayoría las tomé sin analizarlas, aunque algunas no tuve tiempo para hacerlo. Y sí, también de cómo lo he vivido, sobre todo en aquella época en que era joven. A la juventud no le apetece reflexionar, y luego, de mayor, cargas con los errores que ya no puedes hacer desaparecer. Sí, quisiera volver a vivir para deshacer entuertos.
—¡Vaya! Es toda una declaración de intenciones ¿Cuándo volverías? Mejor dicho, ¿a qué época volverías?
Me quedé pensando para decidir cuándo y cómo, pero de repente las luces de la habitación se encendieron y entró una enfermera acompañada de un doctor.
—Bueno jovencito —dijo el médico—, los huesos del brazo y la pierna sanarán, pero tu moto ha quedado hecho un desastre.
Mis padres aparecieron diciéndome que no iban a reparar la moto ni a comprarme otra. Les miré a los ojos y…
—No os preocupéis, no quiero una moto, voy a esforzarme en mis estudios y, cuando llegue el momento me sacaré el carnet. Y cuando pueda, me compraré un coche.
Mis padres quedaron sorprendidos ante mi reacción y miraron, al doctor el cual les dijo que habían hecho muchas pruebas y mi mente estaba intacta.
Desde la puerta, ella —Kim Novak— me decía adiós al tiempo que desaparecía.
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