18 febrero 2014

El museo

Juan soplaba el café con leche para poder tomárselo sin quemarse, cuando oyó que lo llamaban.
—¿Juan, Juan Ballester?
—Hombre, cuanto tiempo ¿Qué haces por aquí?
            El recién llegado vestía de traje y portaba un maletín.
            —Pues ya ves —dijo mostrando su vestimenta y su portafolios—, de curro, voy a visitar un cliente ¿Y tú? ¿Ese uniforme?
            Juan se dio una vuelta para mostrarse.
            —También de curro. Trabajo como vigilante en el museo de ahí enfrente.
            —Ten cuidado—dijo el amigo haciéndose el interesante—, en los museos cuando no hay luz las piezas cobran vida.
            Juan comenzó a reírse diciéndole que eso son cuentos de niños.
            —No, de veras ¿Por qué crees que siempre hay alguna luz encendida siempre?
            —Para poder distinguir con facilidad quién está en las salas. ¡Vamos, hombre! —mirando el reloj— ¡Uhm! Lo siento llego tarde. Nos vemos un día de estos ¿Vale?
            —Vale.
La sala estaba totalmente oscurecida, una fuerte tormenta y un mal mantenimiento del sistema de las luces de seguridad habían proporcionado la negrura del museo.
            La linterna del vigilante alumbraba el camino, y junto con el ruido del parqué al soportar su peso, anunciaba su presencia allá por donde iba.
            La luz del vigilante iluminó la vitrina de los soldados de la guerra civil española. Las figuritas de plomo de uno y otro bando estaban en perfecta formación, pero algo le llamó la atención al guarda. El abanderado de la república estaba junto al abanderado nacional y los dos encarados entre las dos formaciones.
            El vigilante, tras meditarlo unos segundos, pensó que algún trabajador del museo había estado divirtiéndose con aquellos soldaditos. Se sonrió y continuó su recorrido.
            La sala volvió a quedar totalmente a oscuras al salir de la sala. Sus pasos se oían cada vez más lejanos.
            —¡Cabo!
            —¡A la orden, mi sargento!
            —Termine de realizar el intercambio y vuelva a la formación.
            Los dos abanderados se entregaban aquello de lo que carecía el contrario, el republicano entregaba papel de fumar y el nacional tabaco. Una vez realizado el cambio y en perfecta marcialidad, cada abanderado ocupó su lugar en la formación.
            —¡En su lugar, descansen! ¡Ar!
            La orden sonó a la vez en los dos bandos, también en los dos se oyó:
            —Pueden fumar.

            La luz volvió de pronto al museo y el vigilante, en su recorrido de vuelta, observó con asombro que los dos abanderados estaban en su formación correctamente colocados, pero lo que más le llamó la atención es que a los pies de los soldados había colillas, algunas a medio apagar.

11 febrero 2014

Nominación premios Liebster




Agradecimiento:
Desde el blog de Manuel Navarro http://manuelnavarroseva.blogspot.com.es
me han nominado a los premios Liebster. Así que doy las gracias a Manuel por la nominación y felicito al resto de los nominados. 





Normas del premio:
1 Agradecer al blog que te ha nominado y seguirlo.
2 Responder a las 11 preguntas que te han hecho.
3 Nominar a 11 blogs de menos de 200 seguidores. 
4 Avisarles.
5 Realizar 11 preguntas a los blogs que has nominado.

Nota: si no conoces 11  blogs, puedes cambiar el número, haciendo tantas preguntas como nominados.

Mis respuestas:

1 ¿Tres nombres de escritores que te vengan a la mente sin pensar mucho?
         —Arturo Pérez Reverte, Marta Querol, Blas Malo.
2 ¿Qué género literario prefieres?
         —Me ocurre con la lectura lo mismo que con la música, todo depende del ánimo en el que me encuentre, aunque si tuviera que elegir me inclinaría más por la aventura.
3 ¿Qué libro te llevarías a una isla desierta si solo pudieras llevar uno?
         —Es difícil, aunque me inclinaría por lo práctico, un libro que me enseñara o me sirviera de consulta para sobrevivir en una isla desierta. Sin duda Escultismo para muchachos.
4 ¿Has leído algún libro más de una vez?
         —Sí, varios. El club Dumas, de Pérez Reverte. Dos años de vacaciones, de Julio Verne y varios cuentos de Edgar Allan Poe, y varios más que sería largo de decir.
5 ¿Crees que alguna película ha superado la novela en la que está basado el guion?
         —No, en todo caso la iguala. Hay que tener presente que tú al leer creas una imagen de lo descrito, y que nunca se supera en el cine.
6 ¿Te gusta leer libros digitales o prefieres los de papel?
         —Leo en los dos formatos, me es indiferente. En papel se puede conseguir algo que en el formato digital es difícil, la dedicatoria del autor, y cuando esto se tiene es mejor el papel.
7 ¿Qué personaje literario es tu favorito?
         —No había pensado en ello, pero me hubiera gustado ser uno de los mosqueteros, o mejor Cyrano, hábil y certero con la espada y las palabras.
8 ¿Crees que se lee mucho o poco?
         —Habría mucho que hablar sobre ello. Se dice que en España se lee poco, y posiblemente sea cierto comparando con otros países, pero según mi criterio es que hay lectura selectiva promovida por las editoriales cuya ecuación es: si no tienes nombre es igual a no vender por lo que no edito.
9 ¿Piensas que la novela erótica se lee mucho?
         —La verdad es que no soy lector de ese tipo de literatura, pero si la pregunta va por los libros en los que todos estamos pensando, creo que la publicidad ha tenido mucho que ver.
10 ¿Qué libro quemarías?
         —Ninguno, me parece una verdadera falta de libertad para el autor y para el lector.
11 ¿Te gustan los finales abiertos o prefieres los cerrados?
         —Esta si que es una pregunta difícil de contestar. Todo depende de la historia que el autor esté contando. Las historias de terror me gustan con finales abiertos.


Nota:
No he tenido fortuna a la hora de la nominación de blogs, unos no han aceptado y otros no han contestado por lo que sólo puedo nominar a dos, quedando a estas alturas pendiente de contestación tres. De todas formas realizo las once preguntas, como si todos los blogs nominados hubieran aceptado.


Mis preguntas:

1 ¿A quién diriges tu blog?
2 ¿Tus entradas en el blog tienen que ver con tu estado anímico?
3 ¿Te gusta recibir comentarios?
4 ¿Qué te inspira a la hora de escribir?
5 ¿Cuál es tu novela/poesía favorita?
6 ¿Qué autores prefieres españoles o extranjeros?
7 ¿Qué opinas de la autoedición?
8 ¿Con qué autor te identificas?
9 ¿Aconsejarías escribir y por qué?
10 ¿Consideras una buena idea la existencia de los blogs?
11 ¿Este tipo de premios pueden servir para algo?

¡Mis Nominados!
1 Manuscritos del caos http://losmanuscritosdelcaos.blogspot.com.es
2 Lo que vuela por dentro http://sindriacocomera.blogspot.com.es
3 Pendiente de contestar
4 Pendiente de contestar

5 Pendiente de contestar

¡Felicidades!

18 enero 2014

Desespero


Gotas saladas van mojando el papel en el que escribo estas líneas, y se intensifican a medida que mis recuerdos reviven con fuerza en mi mente. Una música que llega como un suspiro tiene la culpa. Sin quererlo mi corazón se inunda de sentimientos, y no sé si es por olvido o por abandono.
Me invade un desesperado agobio al terminar aquella melodía que alguien cambia y busca otra más actual.
            En un reflejo incontrolable enciendo mi receptor con la intención de encontrar esa emisora que, abriendo la caja de los recuerdos, ha realizado una descarga de vida a mi corazón. Entre ruidos, voces extrañas y programas no deseados, aparece; saliendo por el cono de cartón del altavoz se incrusta en mi pecho cual flecha salida de un arco bien tenso.
            Durante unos segundos cierro los ojos y me veo con veinte años, repeinado y con un pantalón ajustado, cuya raya perfecta rivaliza con mi camisa limpia que, adornada con mi mejor corbata, se agazapa entre una americana a la espera de la llegada de mi cita.
            Otra melodía, otro recuerdo, otra imagen y un olor olvidado. Abro los ojos y busco el origen. Mi olfato me lleva a una planta maceteada y plantada en una jardinera en mi balcón. Miro aquella flor con una sonrisa en mis labios. Con la que dan los años, esos que, aunque vividos con intensidad, se olvidan de sonreír, hasta que un olor, una música o una imagen, reavivan el cerebro con fuerza para reactivar los latidos del corazón, adormecidos y somnolientos.
            Las horas pasan sobre el oleaje, unas veces suave y otras bravo, de los recuerdos. El instinto me lleva a buscar un papel y un lápiz para plasmar lo que mi corazón siente. Mi mano tiembla, y lo escrito va emborrándose bajo las lágrimas que, inundando mis ojos, impiden la visión. Y grito, con un grito desgarrador ¡Quiero volver! Volver a ser joven, a revivir lo vivido, a sentir lo sentido y a rectificar los errores cometidos.
            Una voz me repite una y otra vez que no, no puede ser. Que la vida, al igual que el agua, cuando pasa se incrusta parte y continua sin mirar atrás, y cuando llega a su destino sólo le queda recordar, y a veces con dolor, lo dejado.
            Mi corazón, siempre luchador, se revela y pelea; con tanta furia lo hace que el lápiz se desliza de entre los dedos, las fuerzas me abandonan, y al caer sobre la mesa me veo cruzar la calle corriendo alegre, oliendo a agua de colonia y con un billete nuevo en el bolsillo, con él pienso pagar dos entradas en el cine que ella elija.

            Me siento cansado, muy cansado. Mis oídos se llenan con el ritmo y las notas del recuerdo, y en mis labios se va dibujando una sonrisa olvidada. Ese gesto de felicidad perdura mientras mi alma abandona mi cuerpo camino del pasado.

03 diciembre 2013

La historia que nunca fue contada



Ya estamos en diciembre, mes por excelencia de  buenos deseos, y los míos son para todos vosotros:

¡Felices fiestas! Y no abuséis del turrón.





La historia que nunca fue contada


            —¡Abuelo! ¿Me cuentas una historia?
            —¡Claro!
            El abuelo se sentó en el borde de la cama y carraspeó.
            A través de la ventana se veía una luna grande, reluciente, escuchando la historia que el abuelo contaba a su nieto.
            —¡Hola, Luna!
            La luna estaba tan ensimismada que no oyó que la estaban saludando. El meteorito chocó contra la superficie de Luna para que le hiciera caso.
            —¡Eh! ¿Qué ocurre?
            —¡Vaya! —dijo el meteorito— ¡Por fin!
            Luna le dijo que estaba escuchando la historia que aquel abuelo le contaba a su nieto.
            —¡Bah! —exclamó el meteorito— ¿Quieres oír una buena historia?
            —¡Claro! —dijo Luna entusiasmada.
            El meteorito se acomodó en el cráter que había formado, y la comenzó:
            En una ocasión todas las estrellas errantes fueron convocadas por el Creador. Ninguna de ellas sabía el motivo de la reunión. Muchas de ellas tuvieron que variar su trayectoria para poder concurrir a la cita.
            —Os he convocado porque una de vosotras será elegida para una misión muy especial.
            Las estrellas, coquetas, comenzaron a mostrar sus mejores luces, otras, orgullosas, peinaban sus largas y resplandecientes colas. Todas quisieron enseñar sus encantos intentando, con ello, ser las elegidas.
            De pronto desde la lejanía se oyó una voz que gritaba:
            —¡Cuidado! —Una estrella se acercaba con rapidez— ¡No puedo frenar!
            Las que estaban en el exterior intentaron apartarse para que no chocara con ellas, pero comenzaron a tropezar unas con otras. Aquella estrella, a medida que se acercaba, cogía más y más velocidad. La estrella llegaba con tanta fuerza, que de no ser por la intervención del Creador, habría ocurrido una catástrofe de incalculable resultado.
            —Siempre es la misma.
            Las protestas fueron lanzadas como balas de cañón.
            —Lo siento —se disculpó—, pero no encontraba el punto de reunión.
            —No me extraña —dijo despectiva una estrella que relucía más que las demás—, siempre vas sin rumbo fijo. En alguno de tus despistes tropezarás con alguna de nosotras y habrá un desastre.
            El Creador, después de restablecer el orden, les dijo que pronto ocurrirá algo sorprendente. Todas las estrellas manifestaron su asombro y se interesaron por el evento.
            —Una de vosotras —continuó el Creador—, sólo una, lo descubrirá. Aquella que lo consiga no se apagará nunca.
            Todas las estrellas errantes lanzaron multitud de preguntas. Todas menos la estrella que había llegado tarde. Nada más oír al Creador se alejó con rapidez en busca de algún signo que mostrara lo anunciado. Preguntó aquí y allá. Fue de galaxia en galaxia, pero no consiguió averiguar nada. En su recorrido se encontró con otra estrella errante y le preguntó si había averiguado algo.
            —¡Ja! A ti te lo voy a contar.
            Cansada de tanto buscar se acercó a una estrella a cuyo alrededor giraban ocho planetas. Le contó lo que estaba buscando y le preguntó si conocía de algún acontecimiento extraordinario que se estuviera formando.
            —¿Qué tipo de evento? —pregunto la estrella que dijo llamarse Sol.
            —No lo se, pero imagino que será algo espectacular.
            —Lo siento, no tengo noticia de nada. Por aquí poca cosa suele ocurrir, todo es rutinario. Eres la primera estrella errante que se acerca en mucho tiempo.
            Las dos estrellas se quedaron hablando. La estrella errante se interesó por el sistema planetario de Sol. Ésta le contó que los ocho planetas, que ahora giraban a su alrededor, eran estrellas como ella pero que fueron apagándose poco a poco hasta que dejaron de brillar. Sol fue la única que no se debilitó, al contrario, cada vez cogía más y más fuerza a medida que otras estrellas, sin rumbo fijo, se fueron uniendo a ella. Como fue la más grande, las estrellas apagadas, a las que llamó planetas, comenzaron a girar a su alrededor.
            —Por cierto —dijo Sol— ¿Cómo te llamas?
            —No tengo nombre. Será porque nunca nadie me lo ha puesto.
            Esto último lo dijo casi con tristeza. Hasta ese momento no se había dado cuenta que debía ser el único cuerpo celeste sin nombre. Observó a los planetas que giraban alrededor de Sol y observó que cada uno tenía un tamaño.
            —Ese tiene un color azul ¡Qué gracia!
            —Es el único que tiene seres vivos.
            —¡Anda! —exclamó la estrella sin nombre— ¿Puedo acercarme?
            —¡Claro! —dijo Sol—, pero ten cuidado no tropieces con su satélite.
            La estrella errante se acercó con cuidado para poder curiosear a los seres vivos que habitaban aquel planeta azul.
            Le llamó la atención dos de aquellos seres que viajaban con otro diferente, y sobre el cual iba uno de ellos, y preguntó a Sol. La explicación que le dio la interesó más y se fijó en ellos. Según le dijo Sol eran un varón y una hembra que viajaban con otro que usaban para transportar cosas.
            —Ellos los llaman animales —dijo Sol—, y ese que llevan esos dos le llaman burro.
—Se les ve cansados —comentó la estrella sin nombre.
            Decidió seguirlos para ver qué hacían y donde se dirigían. Parecían errantes como ella.
            Desde otro lugar del planeta azul tres seres que observaban el universo vieron a la estrella errante que se movía despacio, y siempre en la misma dirección. Hacia el oeste. Cada uno de ellos, distantes unos de los otros, decidieron seguir aquella estrella.
            Al caer la tarde el más anciano acampó cerca de un oasis. Con las hogueras encendidas en mitad de la oscuridad llegó al oasis Gaspar, quien pidió asilo en el campamento. A punto de compartir la cena apareció el tercero con piel oscura.
            Melchor, Gaspar y Baltasar compartieron cena y motivo de viaje. Los tres coincidieron en que aquella estrella les estaba guiando hacia un lugar donde ocurriría algo extraordinario. Lo que no sabían era que aquella estrella, errante y sin nombre, estaba motivada por su curiosidad hacia José y María que junto con su burro caminaban a Belén para ser empadronados.
            —¡Estrella errante! —Gritó Sol— ten cuidado, casi tropiezas con el satélite.

            —¡Huy, perdón! —Se apresuró a decir.

            Luna recordó la historia que estaba contando el meteorito y con una gran sonrisa dijo:
            —¡Es verdad! Ya me acuerdo, casi tropezamos. No recuerdo muy bien que hacía allí esa estrella, pero continúa la historia.
            El meteorito volvió a acurrucarse en la superficie de Luna y siguió con su historia:

            La estrella errante estaba obsesionada con aquella pareja de seres que viajaban con ese extraño animal. Los seguía observando todos los movimientos. Vio como les negaban lugares donde cobijarse y donde, por fin, les dejaron pasar la noche.
            —¡Sol! —le gritó sin moverse ni perder la vista de aquellos seres— ¿Qué le ocurre a la hembra?
            Sol miró sin poder acercarse, para no variar el orden de las cosas, y con una sonrisa contestó:
            —Esos seres se reproducen de esa manera. Ella lleva una vida dentro, y pronto habrá otro ser en ese planeta.
            —Pero… Parece que siente dolor, mucho, diría yo.
            —Así es como lo hacen.
            La contestación de Sol hizo que se interesara más sobre la situación de esos seres. Tan absorta estaba con aquella pareja que no se movió un milímetro del lugar donde se encontraba, y eso fue motivo para que Melchor, Gaspar y Baltasar comprendieran que estaba indicando el lugar exacto donde, según todas la profecías, iba a nacer el Rey de reyes, el libertador, el hijo de Dios.
            En un momento de la noche la estrella errante observó como la hembra se retorcía de dolor.
            —¿Qué está ocurriendo? —preguntó a Sol.
            —No te preocupes, está naciendo el nuevo ser.
            En ese instante unas estrepitosas y mágicas trompetas sonaron en el espacio. La estrella errante se asustó, pero la voz tranquilizadora del Creador le dijo:
            —No sientas temor. Ahí, en ese planeta azul se ha producido aquello que todas las estrellas errantes han estado buscando, y que tú has encontrado. Allí, en ese establo, sobre ese pesebre, reposa el que redimirá los pecados de todos los habitantes de ese planeta azul. Ahí ha nacido mi hijo, al que le llamarán Jesús.
            La estrella errante estaba sorprendida ¿Ella había encontrado el acontecimiento? Pero si… En aquel instante comprendió que era ella la destinada para revelar el acontecimiento. Miró y observó como multitud de seres se acercaban al establo con presentes que dejaban a sus pies. Vio como tres de aquellos seres llegaron en extraños animales; camellos le dijeron que se llamaban, y con verdadera devoción dejaban regalos que, por las exclamaciones de los que los rodeaban, eran, sin duda, de valor. Sintió alegría, no sólo por ser ella la elegida sino por lo que oyó a continuación.
            —Desde hoy te llamarás La estrella de Belén, y en ese planeta te recordarán durante toda la eternidad. Jamás se apagará tu luz, y cada 76 años del paneta azul, volverás a pasar por aquí.
            La estrella de Belén comenzó su viaje moviendo su larga cola iluminada, al tiempo que gritaba con todas sus fuerzas: «¡Tengo nombre!».

            —¡Caray! —gritó Luna— Me había olvidado de todo aquello.
            El abuelo, levantándose con cuidado de la cama para no despertar a su nieto, apagó la luz del cuarto y se retiró diciendo en voz baja el final de su historia:

            —…y la estrella de Belén se fue contenta por ser ella quién descubrió el acontecimiento buscado.