16 diciembre 2025

El destino de una estrella


Érase una vez…, una estrella muy, pero que muy pequeña. Sus 
hermanas se burlaban de ella por su minúsculo tamaño, y por la poca 
intensidad de luz que emitía en el firmamento.
—¿A dónde vas, enana? —le decían sin ningún miramiento.
Decidió, ante el rechazo, desplazarse a una galaxia cercana. Al 
verla llegar se rieron de ella.
—Pero si brilla menos que una linterna —comentaban unas.
—Aquí no tienes cabida —dictaminaban otras.
La pequeña estrella saltó de nebulosa en nebulosa, y siempre con 
el mismo recibimiento. Sola y desamparada se puso a llorar. Un 
agujero negro que pasaba por allí, le preguntó por su llanto, y ella 
contestó que nadie la quería por su diminuto cuerpo.
—No te preocupes, ven conmigo, yo te haré grande.
—¿De verdad? —preguntó entusiasmada.
—¡Claro! Te daré masa con la que podrás aumentar tu tamaño y tu 
luminosidad.
La estrellita sonrió y se dirigió hacia el agujero, pero a mitad del 
camino un meteorito le gritó: “¡No, cuidado, te engullirá como hizo 
con mis hermanos!”.
—No le hagas caso. Ven.
—¡No, estrellita! Si entras no regresarás nunca —le gritó el 
meteorito.
Estrellita miró al agujero, y al verlo tan negro se asustó alejándose 
de él.
—Ven conmigo, te enseñaré lugares que nunca habrías imaginado, 
dijo la piedra errante.
Al acercarse al asteroide, este comenzó a girar alrededor de ella.
—¿Qué haces? —preguntó algo mareada por seguirlo.
—La atracción gravitatoria. He entrado en tu campo de gravedad, 
y así estaré hasta que sea atraído por tu masa y forme parte de ella —
Gritó entusiasmado el meteorito.
—¿Y no te da miedo?
—¡Qué va, al contrario, es lo que estaba buscando! 
Estrellita y su amigo viajaron por el universo encontrándose con 
otras piedras que se unieron a ella. Poco a poco Estrellita fue 
ganando masa, y su luz cobró intensidad. Creyéndose mejorada 
volvió con sus hermanas, pero otra vez sintió el rechazo.
—Vete de aquí, nos deslumbras.
—¡Fuera! Eres demasiado grande, aquí no cabes.
Entristecida, buscó en el firmamento un lugar apartado donde 
pasar la vida solitaria a la que se veía condenada.
«No sirvo para nada, soy un fracaso como estrella», pensó, y se 
resignó a su soledad.
A través del telescopio, un rey descubrió a Estrellita. Realizó sus 
cálculos, y comprobó que siempre se movía en la misma dirección. Al 
Oeste.
El rey Baltasar recibió la visita de su amigo Melchor, ambos 
estudiaron aquella estrella, y llegaron a la misma conclusión. 
Decidieron seguirla.
En el camino se encontraron con Gaspar a quien también le había 
llamado la atención el cuerpo celeste. Los tres reyes se unieron en su 
trayecto.
Estrellita lloraba su aislamiento. Sus lágrimas, revoloteando detrás 
de ella, formaron una gran cola que, al reflejar su luz, le 
proporcionaba un aspecto majestuoso. De pronto una voz dulce y 
profunda la llamó.
—Estrellita.
—¿Quién me llama? —preguntó asustada.
—Soy tu creador —dijo la voz—, no tengas miedo. Tienes una 
misión que realizar.
—¿Una misión? 
—Sí, aquella para la que fuiste creada. Servir de guía.
—¿Guía, para quién?
—En aquel planeta azul hay tres reyes que siguiéndote 
encontrarán al que buscan.
—¿Otro rey?
—Sí, al Rey de reyes que ha nacido en un lugar llamado Belén.
—Belén, ¡qué bonito!
—Por ello serás conocida, a través de los tiempos, como la estrella 
que los guió. Serás la estrella de Belén.
Cada veinticuatro de diciembre, en el firmamento hay una estrella 
brillando más que las demás. Orgullosa y sonriente sirve de guía para 
aquellos que buscan su destino.

12 diciembre 2025

La visita turistica

¡Hola, me presento como su guía turístico! Así inicio mi labor cada mañana. ¿Aburrido? Tal vez sí, pero ¿qué vamos a hacer? A pesar de todo, siempre aparece algo imprevisto que hace que ese día sea único y menos monótono.

La historia que les voy a relatar sucedió hace una semana. Estaba revisando el mapa, debo reconocer que me lo he aprendido de memoria, pero lo he adoptado como tradición, y esas cosas no las curan los médicos. Como mencioné antes, estaba examinando el mapa cuando se me aproximó una joven acompañada de una señora de avanzada edad.

«Le presento a mi abuela», me dijo casi cantando. Me contó que hacía mucho tiempo que ella, la abuela, había visitado la ciudad, y que quería que yo la conociera, dado que ella, la joven, no salía mucho por razones académicas, habían planeado aquel viaje como una forma de distraerse.

«No le haga mucho caso a mi nieta», me comentó la señora. Se me acercó y en voz baja me dijo algo que me dejó casi sin habla: «Hace cuarenta años muy cerca de aquí yo cometí un asesinato, y quiero volver a ver el lugar». En principio me lo tomé a broma, pero al mirarla a los ojos descubrí que me estaba hablando muy en serio. Sin pretenderlo miré a su nieta buscando una explicación a lo que acababa de oír.

«¡Oh! ¡Vamos! Seguro que le ha contado lo del asesinato». Con los ojos abiertos como platos moví la cabeza afirmando. «No le haga caso, lo que ocurrió fue que atropelló un gato, y eso le marcó». La joven lo comentó sin dar importancia al hecho. «Mi abuela es muy mayor, ¿sabe? Y se le va la cabeza».

El día transcurrió como todos, sin sobresaltos, y por desgracia con pocos turistas, lo cual indicó que las propinas fueron escasas. Cuando llegamos al lugar donde, presumiblemente, se produjo el asesinato, según la señora mayor, esta se puso muy nerviosa y señaló el lugar del atropello, «ahí, ahí», señaló. Su nieta intentó calmarla para que no hiciera el numerito delante de todos, pero la señora no dejaba de repetir que en aquel lugar ella había matado a alguien. Después de lo que me había contado su nieta, también intervine para que aquello solo quedara en una anécdota, pero entonces ocurrió algo inesperado.

La señora seguía insistiendo en el asesinato a pesar de todo lo que la nieta hizo para que se calmara, pero en un instante la abuela sacó del bolso una pistola, y apuntándome con ella gritó «Lo hice de esta manera», y disparó.

Ni que decir tiene que caí al suelo como un muñeco con un tiro en la frente. Muerto, sí, muerto de lo más difunto.

Y así, durante cuarenta años estoy repitiendo mi asesinato, intentando averiguar el motivo que tuvo aquella señora para matarme.