08 febrero 2026

Un caso inaudito

Sobre las siete de la mañana, mi superintendente me informó de que al parecer, se había recibido una llamada muy inquietante sobre la desaparición de una persona que trabajaba en una importante restauración.

El tiempo que llevaba en el cuerpo me había enseñado que las llamadas de un superintendente había que tomárselas en serio, así que me dirigí a la dirección indicada, resultó ser un viejo parque de atracciones que a simple vista estaba en unas condiciones deplorables. Al llegar vi que dos coches patrulla se encontraban allí y ya habían comenzado las pesquisas. Estaban hablando con varias personas que daban la impresión, por sus ropas, que eran trabajadores.

––Buenos días, comisario ––dijo el primer policía con el que me encontré.

Después de corresponder al saludo, me contó lo que estaba ocurriendo. Al parecer, uno de los trabajadores había subido a las salas de las máquinas para comprobar el estado del sistema eléctrico; como tardaba, subieron dos de los operarios. Al no verlo, lo llamaron a voz en grito y oyeron una llamada de socorro en una de las habitaciones de la sala. Intentaron entrar, pero la puerta estaba cerrada; le indicaron que abriera, no respondió. Fueron corriendo al capataz para pedirle las llaves, pero éste les dijo que las suyas se las había llevado el trabajador.

––¿Quién es el capataz?

El policía me señaló a una persona de mediana edad que estaba hablando con otro de agente desplazado. 

––Buenos días. Soy el comisario García.

––Buenos días, comisario.

––¿Existe algún otro juego de llaves?

––No.

Según me contó el trabajador, le pidió las llaves de la sala de máquinas, para hacer una comprobación rutinaria del sistema eléctrico.

––¿Era precisa esa comprobación?

––Sí, lo era, íbamos a poner en marcha la iluminación del parque y, a pesar de que la semana pasada se comprobó, antes de darle al interruptor había que comprobar que todo estaba correcto.

Al llegar a la sala donde se encontraba la habitación, comprobé que la puerta era una de esas contra incendios; además, se abría hacia afuera, con lo cual era más complicado abrirla. Estaba cerrada, al parecer por dentro, lo que imposibilitaba su apertura.

Cuando llegaron los bomberos, consiguieron abrirla sin hacer mucha destroza. Lo que allí encontramos fue digno de una de esas novelas de misterio. Una habitación sin ventanas con unas estanterías donde se encontraban unos aparatos eléctricos de dimensiones…, aceptables, según corroboraron los bomberos; la puerta estaba cerrada por dentro mediante un pestillo. Encontramos un frasco de veneno, que corroboró el informe del forense, pero lo más sorprendente fue que el trabajador, llamado Andrés, estaba atado a una silla con las manos sujetas a la espalda. Existía una cuerda atada a la puerta y al muerto, tan tensa que al abrir la puerta ahogara o le rompiera el cuello al individuo.

El caso fue muy extraño. Una vez levantado el cadáver por el juez, la científica comenzó su trabajo. El informe lo complicaba más. No había huellas que no fueran del cadáver y las de éste se encontraban por toda la sala. Causa de la muerte: ahogamiento y rotura del cuello.

Las preguntas surgieron: ¿Suicidio? ¿Homicidio? No se encontró nada que hiciera sospechar un suicidio. Ninguna nota explicando el motivo, además, ¿cómo pudo atarse las manos a la espalda y luego a la silla? Por lo tanto, todo indicaba un asesinato, pero… ¿y el asesino?

No había ventanas ni puertas por donde hubiera podido huir. Un policía sugirió una posibilidad: la que estuviera escondido en la sala y cuando todos, bomberos, policías, etc., entraran se mezclara sin que nadie se percatara. Podría ser la solución a este enigma, pero es demasiado simple ¿No?

Usted qué piensa.