Furia desatada

El viento alcanza su máxima velocidad. La que se le ha ordenado.

Girando sobre sí, crea una espiral en forma de garganta hambrienta que va tragando casas, granjas y hasta una ciudad entera.

La fuerza de la naturaleza se desata provocando el pánico.

—¡A cenar!
—¡Ya voy, mami!

Juanito desconecta su trabajo de ciencias, y se dispone a lavarse las manos para cenar.

La naturaleza se calma.

7 comentarios:

Antony Sampayo dijo...

Muy bien, Clarinete, "el hombre giro", je je je.
Amigo, me inscribí en el foro de D a ver que pasa.

Abrazos.

Jesús García dijo...

Gracias, Antony.

Ya lo ví, y te ví.

Un abrazo
Jesús

Milena dijo...

Jejeje, me encanta esa capacidad de Juanito para vivir cada momento... Y cómo nos la trasladas!

Abrazos

Jesús García dijo...

Gracias Milena

Un abrazo
Jesús

Turkesa dijo...

Hola, Jesús.

Como todos tus micros, nunca dejan de sorprenderme sus desenlaces, no los veo venir hasta la última línea. Eso constituye de por sí, a mi ver, un tremendo logro; el que una o dos líneas finales vengan a arrojar claridad sobre las precedentes, cuando nada hacía prever que la necesitaran.

Claro que se me vino a la mente Japón, Libia... y me atrapó la inquietante tara de que los hilos que mueven esos eventos son premeditados. Y, cuando lo asocio a lo de Japón, me corroe un friolín... Pero no me imaginé un ser extraplanetario haciendo un trabajo de ciencias con nosotros, me imaginé uno chicos bien de este planeta jugando a ser el Todopoderoso. Y que por algún motivo oculto, llevan prisa. Como cuando debes hacer una entrega en la facu.

¡Brrr!

Te mando un besote.

Jesús García dijo...

Turkesa, siempre me llena de satisfacción (caramba, me parezco al Rey de España, leer tus comentarios, con ellos me das ánimos para continuar escribiendo micros.

Gracias.

Sí, viene a la mente lo ocurrido en Japón, Haití y muchos más desastres, y lo hace porque fueron esos los que inspiraron este micro, y que mejor que verlo desde fuera, pero muy a fuera.

Un abrazo
Jesús

milagros dijo...

Me pasa lo que a Turkesa, nunca me imagino tus finales.

Este relato te salió...¡canela en rama!

Un abrazo.